Historia y orígenes
agosto 6, 2012
No existe producto ni elaboración gastronómica que esté ligada a una historia tan apasionante, diversa y extensa como el Té. Más de cuatro mil años de historia han hecho que el Té sea toda una cultura, extendida por el mundo entero, tan solo comparable en su importancia a la del vino y el aceite, pero con más popularidad, ya que, tras el agua, es la bebida más consumida en el mundo entero.
ORIGENES CHINOS Según los antecedentes, el origen del Té se sitúa en la antigua China. Dice la leyenda, que en el año 2737 a.C. el emperador Shen Nung descubrió casualmente la infusión de hojas frescas de Té, mientras descansaba bajo un árbol silvestre. Parece ser que, mientras el maestro hervía agua para beber, la brisa agitó las ramas del árbol y algunas hojas cayeron en el recipiente, creando el mítico brebaje. La infusión resultante resultó ser muy refrescante y reconstituyente. Mito o realidad, esta bella historia encarna el arraigo que la cultura del Té tiene en la población oriental y, por extensión, en todo el mundo. Ya en el siglo III a.C. se le atribuían al Té virtudes medicinales. Según los escritos de un médico local chino era excelente para aumentar la concentración y para los achaques de la edad. En un principio, la infusión se preparaba con las hojas tiernas y frescas. después, se consiguió desecar las mismas para conservarlas y poder consumirlas más adelante, lo que supuso un verdadero avance en la popularización del Té. Los cultivos se extendieron por toda China y el Té se encontraba ya en tabernas y posadas. Se dice que la edad de oro del Té corresponde a la época de la dinastía Tang (618 – 906 d.C.). El Té ya no solo era considerado un reconstituyente de índole medicinal, sino que se tomaba por placer. El proceso de preparar y servir el té se fue convirtiendo en una ceremonia muy elaborada, y su cultivo y recolección estaban estrictamente controlados, hasta el punto de que las jóvenes encargadas de su manipulación tenían prohibido comer ajo, cebolla y especias fuertes, para que no “contaminasen” las delicadas hojas. Hasta la dinastía Ming (1368 – 1644 d.C.) en China solo se producía té verde. Se comercializaba en hojas sueltas, hervidas al vapor y desecadas, por lo que en poco tiempo perdían su aroma. A medida que el té se popularizó y se incrementó sus comercio, se desarrollaron dos nuevos tipos de té: el negro y el aromatizado con flores. Los productores Ming aprendieron que podían dejar fermentar las hojas de té de forma controlada, para que sus propiedades y su sabor permaneciesen más tiempo. Este es el nacimiento del Té Negro. Debido a esto, tuvo lugar toda una revolución en todo lo referente al Té, su transporte, conservación, preparación y consumo, lo que permitió que el té pudiera llegar a occidente, universalizando de esta forma su conocimiento. JAPÓN Según consta en los escritos, en el año 729 d.C. el Emperador Shomu sirvió Té a cien monjes budistas en su palacio, pero las primeras semillas las introdujo un monje que estuvo estudiando en China en los años 803 al 805 d.C. y que a su vuelta las plantó en los jardines del monasterio al que pertenecía. El consumo del Té en Japón evolucionó y se desarrolló una ceremonia compleja denominada Cha – no – yu. Con el tiempo, este país llegó a tener su propia cultura del té, con producciones muy especiales y exclusivas de esta zona, como el Genmaicha, el Gyokuro o el Houjicha. (ampliar) EL TÉ LLEGA A EUROPA Se cree que fueron los portugueses o los holandeses los que introdujeron el té en Europa en el S XVII, ya que ambos tenían relaciones comerciales con China en aquella época. En Holanda la popularidad del Té creció entre todas las clases sociales y la compañías holandesas reexportaban suministros a Italia, Francia, Alemania y Portugal. Aunque los alemanes y franceses mostraron cierto interés por el té a su llegada a Europa, a finales del siglo XVII el café se había convertido en la bebida más popular en estos países, y el mercado del té sólo crecía en Rusia y en Inglaterra. En el caso de Rusia, un acuerdo comercial marcó el inicio de un tráfico regular; caravanas de 200 a 300 camellos, se cargaban con pieles que se trocaban por té en la frontera, el inconveniente era que entre el cultivador chino y el consumidor ruso pasaban de 16 a 18 meses. Los rusos en 1796 bebían en un año el té cargado por 6000 camellos, y teniendo en cuenta que cada camello transportaba unos 270 kg. esto suponía alrededor de 1.620.000 kg. Las caravanas existieron hasta la puesta en marcha del ferrocarril transiberiano, lo que permitió que los tés llegasen a Rusia en sólo una semana. GRAN BRETAÑA DESCUBRE EL TÉ La primera fecha de la aparición del té en Gran Bretaña data del año 1658. Efectivamente, Thomas Garraway un comerciante londinense fue el primero en anunciar el producto. Pero fue en el año 1662 cuando el té en Gran Bretaña tomó un auge inesperado. En esa fecha el rey Carlos II se casó con la princesa portuguesa Catalina de Braganza, gran consumidora de té y que llevaba como parte de su dote una caja de té de China. Empezó a servirlo entre sus amistades de la aristocracia en la corte y comenzaron a extenderse los comentarios sobre esta nueva bebida. Cada vez más personas deseaban probarla, pero debido a su alto precio, no estaba al alcance de todos. En 1689 el té más barato costaba unos 7 chelines la libra, casi el salario semanal de un trabajador medio. Sin embargo existía una demanda creciente desde todas las clases sociales, lo que motivó la existencia de un floreciente mercado negro. A menudo se adulteraba con otras hojas (generalmente regaliz y endrinos), lo que motivó una intervención gubernamental, imponiendo fuertes multas a los que comerciaran ilegalmente. Durante el siglo XVIII el té se convirtió en la bebida más popular de Gran Bretaña, llegando a sustituir a la cerveza y a la ginebra, debido a una espectacular reducción de los impuestos. Los cafés comenzaron a cerrar a principios del s. XVIII, debido a su mala reputación, y surgieron las terrazas y jardines de té, muy frecuentados por todas las clases sociales. LOS ORÍGENES DEL AFTERNOON TEA DE LOS INGLESES. Hasta principios del siglo XIX el té se tomaba a cualquier hora del día, y en especial, como digestivo después de la cena. La invención de esta auténtica institución británica se atribuye a Ana, la séptima duquesa de Bedford. Cuentan que un día, a media tarde, experimentó una sensación de desfallecimiento como consecuencia del largo lapso de tiempo entre un almuerzo ligero y una cena tardía. Para calmar su apetito, solicitó a su doncella un poco de té y algún tentempié ligero, y encontró esta solución tan agradable que enseguida invitó a sus amistades a compartir con ella el té de la tarde. Pronto lo más selecto de Londres acudía a estas reuniones a tomar el té mientras comentaban cotilleos. LAS GUERRAS DEL OPIO Y EL IMPERIO DEL TÉ. El consumo creciente de té en Gran Bretaña suponía al país costosas importaciones, y China no tenía interés en la exportación que Gran Bretaña podía ofrecer: el algodón. En 1800 el opio solucionó el problema. Los chinos querían opio (a pesar de la ley china de 1727 que prohibía su importación), así que los británicos, y después los portugueses, empezaron a incluirlo en sus reservas locales. La Compañía Británica de las Indias Orientales cultivaba la droga en Bengala, la vendía a china a cambio de plata, y luego pagaba con esa misma plata el té que compraba a los chinos. En 1929 un oficial chino deposito 20.000 cajas de droga en una playa cercana a Cantón, donde la marea la convirtió en fango inservible. Un año después, Gran Bretaña declaró la guerra a China y ésta respondió con un embargo de las exportaciones de té, lo que provocó una verdadera crisis en el sector. Pero el rumbo de la historia de la explotación del té cambiaría en 1823 con un fortuito e inesperado descubrimiento: efectivamente, se encontraron árboles de té autóctonos en el alto Assam lo que hizo que los ingleses comenzaran a cultivarlos en la India, zona de influencia británica y lejos de los problemas con China. En la década de 1870 Ceilán también se convirtió en una de las principales áreas británicas productoras de té, después de que el cultivo de café se arruinase en la década de 1860 y los plantadores considerasen el té como la mejor alternativa. LOS CLÍPERES Los barcos de la Compañía de las Indias Orientales solían invertir de 12 a 15 meses en transportar los cargamentos de té desde China hasta el puerto de Londres. Los norteamericanos desarrollaron unos barcos que revolucionaron el comercio marítimo de la época: los clíperes. En 1845 zarpó el primer clíper norteamericano, que hizo el viaje de ida y vuelta desde Nueva York en menos de 8 meses, lo que suponía una gran amenaza para los propietarios de barcos británicos. Una vez que Gran Bretaña comenzó a utilizar estos barcos, era habitual que varios clíperes zarpasen de China con la misma marea y realizasen una carrera hasta Londres, donde se apostaba sobre el ganador. Se pagaban precios más altos por el té que llegaba primero y se premiaba a la tripulación vencedora. La carrera más famosa fue disputada en 1866 por 40 barcos y el ganador lo hizo en 99 días, todo un récord para la época. Finalmente, los barcos de vapor y la apertura del canal de Suez redujeron el tiempo de navegación a unas pocas semanas. ESPAÑA CONOCE EL TÉ El té llegó a España en el siglo XVIII como una moda importada de Francia y Gran Bretaña. El puerto de Cádiz fue uno de los primeros en recibir los primeros cargamentos de té que llegaban a España atendiendo las demandas de la considerable colonia británica residente entonces en la zona. En un principio el té no fue muy bien aceptado, ya que era visto como un signo de esnobismo de la sociedad burguesa de la época. Habría que esperar a comienzos del S XIX para que esta bebida se popularizara. Aunque su precio era mayor, entró en competencia con el café y el chocolate. Aún así, tomar el té tenía cierto matiz de refinamiento, por lo que algunos de los más prestigiosos artesanos de la plata españoles realizaron juegos de té de exquisita factura: Es el caso de Meneses y Ansonera, entre otros. El habito del té de la tarde cuajará especialmente entre la alta aristocracia española. No olvidemos que tomar el té en sociedad era un signo de distinción en esa época. La Reina María Cristina fue quien introdujo en palacio la costumbre del té de la tarde. La Reina Victoria Eugenia consolidará esta tendencia, cada vez más imitada por la burguesía. Los hoteles Ritz y Palace de Madrid eran el escenario perfecto para las reuniones del té de la tarde. Adentrado el S. XX, la Guerra Civil hizo que se dejaran de hacer casi por completo estas reuniones. Una vez superado este trágico capítulo de la historia, se recuperó lentamente el consumo de té, pero nunca más llegó a manifestarse de la misma manera. En la actualidad en España el té se consume principalmente de dos formas: un consumo muy popularizado, en bolsitas, bien en casa o en cafeterías, restaurantes, etc.; otra forma de consumo que tiene lugar en establecimientos especializados (salones de té, teterías, cafeterías de calidad) o en casa, por aquellas personas que se declaran amantes del té y todas sus variantes y que cada vez está teniendo un mayor auge. EL TÉ EN NORTEAMÉRICA La Boston Tea Party acabó con el aprecio que los norteamericanos sentían por los británicos y su té. Los orígenes del conflicto radican en la aprobación de una ley del Parlamento en 1767 que pretendía imponer aranceles a las colonias norteamericanas.Una parte del impuesto sobre el té se destinaría a ayudar a los oficiales del ejército y del gobierno de las colonias y dado que el único té que se podía comercializar legalmente en Norteamérica era el de la Compañía Británica de las Indias Orientales, no parecía haber modo de evitar este nuevo gravamen. Al cabo de 2 años muchos puertos no permitían el desembarco de productos sujetos a derechos arancelarios, y el envío de siete cargamentos de té procedentes de Londres fue la gota que colmó el vaso. En Boston varias semanas de malestar general culminaron con el abordaje del Dartmouth por parte de un grupo de hombres disfrazados de nativos americanos. En 3 horas lanzaron 340 cajas de té al mar. La clausura del puerto de Boston y el desembarco de tropas británicas en suelo americano marcaron el inicio de la guerra de la independencia y la tradición americana de beber café.
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